LAS ALMOJÁBANAS CAGÜEÑAS
UNA TRADICIÓN MÁS ALLÁ DEL MEDIO SIGLO
Olguita llegó la almojábana, vente que… Olguita Con esta frase, va Juan Nieves por las calles del centro urbano de Caguas pregonando su producto: las almojábanas cagüeñas que durante años se venden en nuestra Ciudad.

Don Esteban Rosario, suegro de Juan, inició el negocio de almojábanas que vendía a tres chavos cada una. “Era más difícil porque se cocinaba con leña. Él se levantaba a las dos de la mañana todos los días para hacerlas”, comentó Juan. Posteriormente, éste heredó la receta y el negocio de su yerno, quién en sus primeros años lo supo mercadear a pulmón.
Al pasar del tiempo, cuando ya era conocido en el lugar, Juan decidió instalarse en un espacio fijo que era muy concurrido y encontró la esquina de la Muñoz Rivera esquina Ruiz Belvis (al frente de la Oficina de Turismo), que por muchos años le ha funcionado como punto de venta de las famosas almojábanas.
La jornada no es fácil. El día para Juan comienza a las 3:00a.m., hora en que se alista para llevar el carrito, la nevera con jugos y el ánimo diario para las ventas del día. En la esquina escogida, Juan comienza las ventas a las 5:30 a.m. a los transeúntes que pasan hacia sus trabajos. “Esto es un desayuno para mucha gente, el que viene en carro, es porque me conoce y yo ya sé cuantas quiera ye le vendo. El que viene a pie, a veces se detiene y se las come aquí mismo con un jugo o sigue al trabajo con ellas”, dijo. Solo vende jugos de uva y china. ¿Por qué? “Así la gente no se demora tanto escogiendo… o éste o el otro y ya”. Contestó.
Con sólo una información básica. Juan nos contó parte de la elaboración de su producto. “Se muele el arroz, se hierve el agua y luego se procesa para crear la masa, luego le pones el queso, ‘la fórmula secreta’ y después la fríes… es fácil de hacer”, dijo. También, Juan vende al por mayor lista para freir. Alguna gente le pide por cantidades y él, al día siguiente, se las tiene listas y empacadas para llevar a casa. Para la elaboración de las almojábanas, Juan tiene todos los permisos de sanidad que dan tal tranquilidad de ofrecerle al público un alimento fresco y limpio.
Hasta cerca del medio día entre lunes a sábado, Juan permanece atendiendo al público. Luego de vender su producto, regresa a casa a iniciar la fabricación del desayuno criollo del próximo día, tantos cagüeños que cada mañana. Le permite a Juan y al público de Caguas, continuar con esta tradición que resalta nuestros valores.
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